“Recuerdo”: una incursión en el tiempo perdido. Pero también una metáfora sobre el ejercicio de la memoria impulsado por la suma de colores, olores, sabores, ecos de un país lejano que configuraron, no obstante, un momento irrepetible. El artista, como tal, suele aspirar en su obra a la plasmación de un destello residual de su retina, o acaso a la de un sentimiento que prepondere sobre la vivencia que la inspiró; en este sentido, Elisabeth Llamas cumple con creces su cometido, dibujándonos los fragmentos primeros que activan el hilo de los recuerdos y reteniéndolos sobre el lienzo con la intensidad de una gama cromática tan viva como armónica. Y sin embargo, no podemos dejar de percibir ante esta serie de obras la sensación de un algo inconcluso programado por la propia autora; cierta voluntad de reconstrucción literaria más que de evocación plástica. Creemos que en la ilusión de esta aspiración, y con ella el sutil poso de melancolía producido por tan ímprobo esfuerzo existencial, radica la principal apuesta de Elisabeth. Lo admirable, sin duda, es que toda reflexión similar que podamos extraer de su trabajo, se fundamenta sobre planteamientos puramente pictóricos o estéticos, los cuales giran sobre dos ejes primordiales: la mancha cromática, delicado y semitransparente lecho de pintura que invade en el origen de su trabajo todo el soporte como sencilla recreación de atmósfera;  y la mancha plana o topo: memoria en acción que tiende a dominarla, extrayendo de la nebulosa colorística el elemento figurativo, afectado por la distorsión de una artista educada en la rigurosidad de la pintura geométrica. Empero, tal dominio jamás llega a producirse del todo, con lo que el cuadro queda detenido en su condición de obra abierta; sobre sí mismo, al tiempo que hacia el resto de obras, parte al fin y al cabo de un proceso en el que el fragmento narrativo se nos sugiere, toma cuerpo hasta su máxima definición en forma de cuadros-objeto.

Mención aparte merece estos últimos, pues si en los acrílicos los elementos ya reconocibles surgen del vacío, en este caso, perfectamente materializados, operan como objetos evocadores o sugerentes, prestos a devolvernos al ensoñador mundo del que partieron.

Juan Francisco Martínez Díaz

Horario de exposición

Del 31 de Mayo al 23 de Junio de 2002

Mañanas de 9 a 13h.- Tardes de 20,30 a 22,30 h.

Sábados y Festivos:

Tardes de 20,30 a 22,30